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	<title>“La crisis de los cayucos” &#8211; Periodismo ULL</title>
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	<description>Diario digital de la Universidad de La Laguna</description>
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		<title>Solo con Dios</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Leila HR]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 28 Jul 2018 14:31:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[“La crisis de los cayucos”]]></category>
		<category><![CDATA[Guinea-Bisáu]]></category>
		<category><![CDATA[Inmigración]]></category>
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					<description><![CDATA[La llegada de los portugueses a Guinea-Bisáu hizo que la región se convirtiera en uno de los 52 países africanos colonizados tras la Segunda Guerra Mundial. Daniel decidió jugarse la vida y viajar hasta Gran Canaria en el año 2000. Dieciocho años después, sin trabajo, nadie le ha echado una mano.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;">La llegada de los portugueses a Guinea-Bisáu hizo que la región se convirtiera en uno de los 52 países africanos colonizados tras la Segunda Guerra Mundial. El comercio de esclavos africanos y las secuelas de las guerrillas tras la independencia de 1974 son vestigios en la historia de Daniel. El guineano, que nos insta a ocultar su apellido, llegó a Canarias en el año 2000, poco antes de que el flujo de la inmigración irregular trajera a casi 32 000 inmigrantes a las Islas y el fenómeno se conociera como “la crisis de los cayucos”. Sin embargo su viaje empezó muchos años antes.</p>
<p>Hijo de un padre con alto rango militar que colaboraba con el gobierno portugués, el Daniel de 19 años se vio obligado a huir de su país. Una noche, meses después de la proclamación de la independencia de Guinea-Bisáu, un grupo de asesinos irrumpió en su casa, sacaron a su padre a la fuerza y le asesinaron. “Vi a mi madre llorando… Mi hermano, mi hermana y yo estábamos dentro de casa sin poder hacer nada. Venían con armas y nos amenazaron a todos”, recuerda Daniel con el corazón en un puño.</p>
<p>Cuando comprende que ni él ni su familia están a salvo comienza un nuevo episodio en su vida. Tras esconderse en varios pueblos cercanos a la frontera consiguió llegar a Senegal. Su siguiente destino fue Gambia, donde consiguió un trabajo para poder pagarse un viaje en barco hasta Europa. No fue posible y compró un billete de vuelta a Senegal.</p>
<h4>Traslado forzoso</h4>
<hr />
<p>En uno de sus múltiples desplazamientos se vio obligado a volver a Guinea y a adentrarse en la región de Canchungo. Esta isla es conocida por ser el lugar por rigor de compraventa de esclavos y mientras para muchos solo forma parte de la serie <em>Raíces </em>producida por la cadena <em>ABC</em> para él supuso un golpe de realidad: “Me impresionó mucho, lo notaba en mi corazón. Es algo imposible de explicar, no entiendes todo lo que ocurre ahí hasta que lo ves con tus ojos”.</p>
<p>Viajaba y trataba de mantener el contacto con su familia. Asegura que le decían que no volviera: “Si lo hacía me matarían”. Vivió en Senegal dos años y como tampoco fue posible conseguir un navío, viajó a Nuadibú (Mauritania) y en dos semanas tomó la decisión de regresar y esperar a una oportunidad donde ya se había asentado.</p>
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<h4><strong>Una travesía como polizón</strong></h4>
<hr />
<p>Han pasado 26 años desde que huyó de su hogar, Daniel ya tiene 45 años y al fin tiene la posibilidad de llegar a Europa. Gracias al chivatazo de un amigo se enteró de que había un barco maderero que zarpaba a las cinco de la mañana del puerto de Dakar: “A las 3 de la mañana, cuando los guardas dormían, subimos por las cuerdas que mantenían el barco unido a la tierra”.</p>
<p>Sin comida ni agua, el guineano y un amigo se escondieron durante tres días de la tripulación cubana del maderero. Cuidaban mucho sus horarios y actos para no ser descubiertos: “Esperábamos a la noche, cuando todos dormían, para entrar en la cocina y robar algo de comida”. Asegura que en ningún momento sintió miedo, sabía que habían tenido máximo cuidado para no dejar huellas de su travesía hasta Canarias.</p>
<h4><strong>Una vez en tierra</strong></h4>
<hr />
<p>Desembarcaron en Gran Canaria antes de que alguien de la embarcación pudiera darse cuenta.  “En Santa Catalina vimos muchos negros durmiendo en cartones y no me gustó, quería volver al barco”, confiesa con amargura. Consideró que España no podía ser muy buen país si dejaba a los inmigrantes vivir en la calle y decidió probar en Holanda, el siguiente punto en la ruta del maderero. Sin embargo tomó la decisión muy tarde y al llegar al puerto acababa de zarpar, había soltado amarras y ya no podían subir.</p>
<p>Estando en Canarias la ayuda que recibía era gracias a las llamadas de sus familiares, pero estas disminuyeron con la muerte de su madre y cesaron cuando su hermana perdió la lucha contra el cáncer de mama: “Solo me lamento de no haber podido enterrarlas”.</p>
<p>17 años tras su llegada a Tenerife ha recibido una nueva llamada pidiéndole que vuelva a Guinea-Bisáu. Su mayor deseo ahora es renovar su pasaporte y regresar a casa: “Quiero volver y conocer a mis sobrinos y si no es posible quedarme ahí, volveré a Tenerife”.</p>
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