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	<title>Espiral del silencio &#8211; Periodismo ULL</title>
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	<description>Diario digital de la Universidad de La Laguna</description>
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	<title>Espiral del silencio &#8211; Periodismo ULL</title>
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		<title>La imposición del abanico</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ana Hernández]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 31 Mar 2021 11:42:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Crítica]]></category>
		<category><![CDATA[Espiral del silencio]]></category>
		<category><![CDATA[machismo]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
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					<description><![CDATA[En la universidad acecha el peligro de la autocensura. El alumnado calla para caer bien a la propia comunidad estudiantil. Hay voces que no se alzan y gritos que las aplacan a golpe de inmoralidad. La censura dificulta la creación de sentido crítico y la escucha al otro, una cualidad perdida.  ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Una imagen despertó mis prejuicios encubiertos. Un señor, con aires de Leslie Nielsen teñido, inclina su cuerpo, interesado en una mujer entallada en chaqueta y falda blancas. Puedo activar el modo protocolario y explicar que estoy viendo a una dama exitosa, montada sobre tacones de diez centímetros, dueña de un medio de comunicación y de su vida. A su lado, un hombre desesperado, que trabaja como encargado en un almacén de electrodomésticos.</p>
<p>Creo que este es el sentido que debería soltar al público o la que este espera oír. ¿Cómo reaccionarían si les dijera que la fotografía me suscitó un primer análisis totalmente diferente? ¿Debo contarlo? Si les soy sincera, la calidad del retrato, los tonos y los dos personajes me dicen que es un plano de película de los ochenta. El caballero guarda seis cifras en el banco, un Jaguar MK II y una asistenta mulata. Su existencia es una descripción de libro del <a href="https://medium.com/piggomx/y-a-todo-esto-qu%C3%A9-es-un-self-made-man-c566c80e9e01" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>self-made man</em></a>. La señora tiene un trabajo y es independiente de las expectativas sociales y de su marido: es secretaria. Si alguna vez la necesitan, pueden preguntar por «esposa de (inserte apellido de un hombre)».</p>
<p>Esa fue mi primera impresión. La cambié porque sentía una invisible coacción de ajustarme a las interpretaciones éticas modernas. No ser, no decir, ni imaginar nada machista. No ser, no decir, ni pensar en nada fuera del pensamiento correcto. Perdónenme lo que digo, o no, lo digo y punto. Ocultar nuestros principios no significa darse cuenta de que lo que pensamos es cuestionable por un motivo comprensible. Yo tal vez sea <a href="https://dle.rae.es/falocracia" target="_blank" rel="noopener noreferrer">falócrata</a> y lo esconda con la segunda lectura de la foto.</p>
<h3>«Las escasas voces de derechas juveniles que he oído han sido tachadas de poca moralidad»</h3>
<p><a href="https://psicologiaymente.com/social/espiral-del-silencio" target="_blank" rel="noopener noreferrer">La espiral del silencio</a> explica la teoría científica de mi autocensura. Las personas hacemos un sondeo en la esfera pública para determinar cómo recibe la sociedad nuestra postura. Si esta no coincide con la opinión mayoritaria (generada a través de los medios de comunicación), tendemos a callarnos o nos decantamos por unas convicciones que satisfaga a la masa, aunque no nos represente.</p>
<p>Al hablar del dogma ideal no hablo de la obligación de mantener solo relaciones heterosexuales, casarnos y crear descendencia. Me refiero a la imposición de tener que estar de acuerdo con acoger a la inmigración que llega a España, a priorizar lo social en lugar de lo económico, de dar prioridad a la ciudadanía del país frente al que huye del suyo o deber refutar (que más bien ahora es criminalizar) las ideas conservadoras.</p>
<p>No se confundan, no simpatizo con estas concepciones. Puede que sea yo, niña de generación Z, la que no haya visto mundo, pero durante mis años de estudio las escasas voces de derechas juveniles que he oído han sido tachadas de poca moralidad.  Esa gente, ante la avalancha de discriminación por sus opiniones (con o sin justificación), se esconden del debate. Esto es peligroso para la ideología imperante y para la frágil actitud crítica que tanto intentan inculcarnos en la universidad. ¿Por qué? La respuesta la formuló <a href="https://www.biografiasyvidas.com/biografia/l/lippman.htm" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Walter Lippmann</a>: «Donde todos piensan igual nadie piensa mucho».</p>
<p><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-157385" src="http://periodismo.ull.es/wp-content/uploads/2021/03/ODS-5.jpg" alt="" width="117" height="117" /></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>El odio en la política española</title>
		<link>https://periodismopre.ull.es/el-odio-en-la-politica-espanola/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Dano Marrero]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 26 May 2018 12:00:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Discurso del Odio]]></category>
		<category><![CDATA[Espiral del silencio]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión pública]]></category>
		<category><![CDATA[Política española]]></category>
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					<description><![CDATA[En España, los partidos trabajan de proceso electoral en proceso electoral, y prima una línea argumental: buscar lagunas en los programas ajenos antes que proponer medidas de actuación atractivas. Este estilo discursivo ha provocado una pérdida de confianza por parte de los electores en el sistema.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Si bien se suele utilizar la expresión <em>discurso del odio</em> para hablar de la discriminación social como argumento para reforzar tesis populistas, en España se produce un efecto parecido en términos de política. Nuestro país es un perfecto ejemplo de cortoplacismo, donde las decisiones se toman de comicios en comicios, pues el fin perseguido por las agrupaciones políticas es convencer al votante (para mantenerse o acceder al poder) y no satisfacer sus necesidades.</p>
<p>El estilo discursivo ideal para ganar elecciones cuando no se tiene una argumentación sólida es buscar lagunas en la del rival. En la política española se produce un intercambio de cañonazos que crea fanatismo en las bases, separa a militantes y endurece cualquier negociación. Esto se une a los agujeros en los programas y conforma una realidad preocupante: el odio se extiende y los líderes de los principales partidos reniegan del consenso, en favor del interés particular.</p>
<p>Idóneo para el corto plazo, a la larga este sistema resulta contraproducente para los propios contendientes que usan ese hilo argumental. Al ser víctimas y culpables del odio, terminan convirtiéndose en focos de este por parte de la opinión pública. Esto ha desembocado en un problema singular: la gente vota al menos malo, no al más adecuado. A raíz de la corrupción, el retraso ideológico, la hipocresía y las crisis económicas y sociales, se observa al político con escepticismo.</p>
<h3>La poca fe en las alternativas de voto crea una espiral de silencio</h3>
<p>Ahora mismo el panorama no podía ser menos halagüeño. El sistema no da confianza a un censo que no se cree al género político y donde el «discurso del odio» mancha a veteranos y noveles. La falta de fe en todas las alternativas de voto ha provocado una espiral de silencio en cuanto a las preferencias, creándose incomodidad cuando se plantean preguntas al respecto.</p>
<p>Se debe producir un cambio de paradigma con respecto a esta situación. Se necesitan políticos que busquen consenso, que basen su argumentación en sus programas, y no en las lagunas de los ajenos, para que los electores vuelvan a ganar confianza en el sistema. El desprecio hacia este ha provocado una ola creciente de antinacionalismo y desarraigo de la tierra, y la idea de que España es un país sin remedio se extiende como la pólvora.</p>
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