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	<title>Cuando nada brilla bajo el sol &#8211; Periodismo ULL</title>
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	<description>Diario digital de la Universidad de La Laguna</description>
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	<title>Cuando nada brilla bajo el sol &#8211; Periodismo ULL</title>
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		<title>Cuando nada brilla bajo el sol</title>
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		<dc:creator><![CDATA[M. J. Romero]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 18 Nov 2017 16:00:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Cuando nada brilla bajo el sol]]></category>
		<category><![CDATA[Tener fe]]></category>
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					<description><![CDATA[No hace mucho leí algo así como que harían faltan dos vidas: una para practicar y otra para vivirla. Y aunque en esa segunda vida no hubiera vuelto a creer, al menos hubiera tratado de cultivar la fe en algo más.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Si me concedieran un deseo, pediría tener fe. Creer en ese algo que ofrece regocijo y refugio y que siempre te acompaña. Creer en Él, en ese en el que por pura rebeldía me negué a que existiera y a que ni siquiera se acercara a mi vida cuando apenas contaba ocho años. Me opuse a hacer la comunión, contrariamente a lo que solía ocurrir por aquellos tiempos.</p>
<p>Las ceremonias se hacían en el cole, en el Luther King en mi caso, y eran realmente bonitas. Con el coro, en el pabellón. Todo muy familiar, cercano. Creo recordar al padre Adán en una imagen borrosa pero risueña; no se llevaban los trajes de marinerito y pseudo boda de ahora, sino el <em>uniforme de gala</em> del colegio. Como menor de cuatro hermanos, había asistido a las suyas, y disfrutado de ellas. Sin embargo, dije que no. No sé si fue ahí cuando les dije a mis padres que no quería ser una Romero Melchor más y por eso tomaba mi decisión. Nada tenía que ver con mi fe cristiana. Solo era no cruzar el mismo puente que ellos.</p>
<p>Así que lo aparté. Con Él, cualquier creencia, cualquier algo más allá de lo terrenal en lo que depositar esperanza y sosiego. Qué decisiones tomamos a veces en este andar… No hace mucho leí algo así como que harían faltan dos vidas: una para practicar y otra para vivirla. Y aunque en esa segunda vida no hubiera vuelto a creer, al menos hubiera tratado de cultivar la fe en algo más. Y tal vez, no hubiera sido tan intransigente a la hora de impedir comulgar a mis hijos, estudiantes en un colegio católico. Más que negarme a que se adhirieran a la comunidad cristiana, hacía ascos a todo lo que lo rodeaba… Y ahora pienso si por negarles ese momento que ellos querían tener y yo había decidido por rebeldía no acometer, les he cerrado una puerta. De esas pocas que se abren cuando nada brilla bajo el sol.</p>
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