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	<title>Audiencia de Navarra &#8211; Periodismo ULL</title>
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	<description>Diario digital de la Universidad de La Laguna</description>
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		<title>Caperucita violeta</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Deborah Barroso]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 23 Jun 2018 16:00:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Audiencia de Navarra]]></category>
		<category><![CDATA[Caperucita violeta]]></category>
		<category><![CDATA[Constitución Española]]></category>
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		<category><![CDATA[Patriarcado]]></category>
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					<description><![CDATA[Esta es la historia de una chica que decidió denunciar que cinco lobos la violasen en la celebración de las fiestas de San Fermín. “¡Qué dientes más grandes tienen!”, dijo ella; “¡son para comerte mejor!”, respondieron ellos. Hoy vuelven a pasear por el bosque de la protagonista.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Hace dos años, el cuento infantil de la niña que se adentraba en el bosque para ir a visitar a su abuela se convirtió en realidad. En la versión original, una trampa mortal se escondía en la cama de la viejecita: en esta ocasión, han sido cinco los lobos que atacaron a la misma presa y no hubo ningún colchón de por medio. Conocido bajo el nombre de <strong><em>La Manada</em></strong>, este caso se ha hecho viral entre la comunidad nacional e internacional por demostrar que el poder judicial sigue estando teñido de machismo en medio de un sistema patriarcal.</p>
<p>“¡Qué dientes más grandes tienen!”, dijo ella; “¡son para comerte mejor!”, contestaron ellos. Y se tomaron ciertas licencias, como violar y grabar a la joven. Más tarde, Caperucita decidió denunciar, convirtiéndose así en la voz de tantas y tantas mujeres que han permanecido silenciadas durante décadas ante las actitudes agresivas de sus parejas. Sin embargo, el camino estaría lleno de obstáculos, rocas y árboles caídos. Los acusados, para empezar, enviaron a un detective privado para analizar cada uno de los movimientos de la demandante y comprobaron que no estaba hundida y deprimida, ni llorando por las esquinas, ni deseando morirse por lo ocurrido. <strong>¡Sorpresa!</strong> Se admitió como prueba.</p>
<h4>Las fieras se libran de las verjas</h4>
<hr />
<p>Durante un tiempo, los culpables ingresaron en prisión… Hasta ayer. La <a href="https://issuu.com/jorgea.rodriguezarroyo/docs/sentenciamanada/18" target="_blank" rel="noopener">Audiencia de Navarra</a> ha decretado su puesta en libertad por considerar que, al conocerse las caras (y los dientes) de los condenados, es “casi impensable que vuelvan a delinquir”. Y ya está. No hay más. Bueno, sí: ha sido bajo una fianza de <strong>6000 euros</strong>.</p>
<p>Después de considerar lo sucedido como un abuso y no violación, después de establecer solo 9 años de prisión a los ya famosos lobos, después de haber levantado las manos en más de una ocasión, las calles se vuelven a teñir ahora de violeta. Cuando Caperucita dio la voz de alarma ante el juzgado, posiblemente nunca pensó que sería ella la que tendría una manada de cientos de miles de compañeras que gritarían a su favor y que sacarían las garras para luchar en contra de las injusticias impuestas por la justicia.</p>
<h4>El feminismo vela por la igualdad</h4>
<hr />
<p>Esto no es simplemente una cuestión de humanidad o solidaridad, estamos hablando de igualdad. Y también es cierto que no podemos culpar del todo a los jueces de este país, pues no cuentan las herramientas necesarias para responder a las necesidades de la sociedad. La <strong>Constitución Española</strong>, vigente desde 1978, debe reformarse, incluyendo una descripción pormenorizada de las acciones de violencia de género que, por supuesto, deben estar penalizadas.</p>
<p>La moraleja del cuento es, sin duda, que las mujeres no somos de vuestra propiedad; si decimos no, es <strong>no</strong>; dejen de considerarnos objetos, nacimos y seremos siempre personas; no es abuso, es violación; y basta ya de justicia patriarcal. Y el miedo ya no es una opción. Queremos dejar atrás esas noches de angustia por ir solas a nuestras casas y esos mensajes a las amigas de «ya llegué», «estoy bien», entre muchas otras cosas. No es una, somos innumerables <strong>Caperucitas violetas</strong> las que hoy escribimos un nuevo capítulo, una nueva versión de nosotras mismas.</p>
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